Mensaje del Señor ArzobispoMons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XVII domingo del Tiempo Ordinario

Mensaje del Señor ArzobispoMons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

30 de julio de 2017


Hermanos y hermanas en el Señor:

Una vez más nos reunimos para celebrar el día del Señor y participar del banquete eucarístico, que fortalece nuestro espíritu y nos da fuerza para continuar el camino de la vida.

Jesús continúa su mensaje por medio de parábolas, a manera de hacer más compresible y fácil de recordar sus enseñanzas;  en todas destaca la pequeñez y humildad de los comienzos, y posteriormente viene el crecimiento y la transformación del Reino.  El mensaje es para todos, pero lo comprenderán de mejor manera, aquellos que tengan un corazón dispuesto a la escucha y  a la conversión.

 

La liturgia de hoy nos exhorta a descubrir por medio de la sabiduría que viene de Dios, qué cosas son las más importantes en nuestra vida; la sabiduría empieza por reconocer que esta vida tiene mucha complejidad, por lo que no podemos reducirla solamente a ideas o palabras.  Tener sabiduría significa reconocer que necesitamos una luz más grande de la que nosotros mismos podemos dar, y esa luz es la que recibimos de Dios, la que nos ilumina por el sendero de la fe.

 

En el Evangelio de San Mateo, Jesús por medio de las comparaciones del tesoro escondido y la perla preciosa, quiere enseñarnos el valor supremo del Reino de los cielos, ante el cual todo lo demás carece de valor.

 

En ambos pasajes descubrimos que el protagonista valora el tesoro grandemente, vende todo cuanto tiene con alegría y decisión, para luego obtener  algo más valioso.

 

Para nosotros los cristianos no debe existir nada más valioso que el Reino de Dios; vender todo cuanto tengamos, significa dejar todo lo que nos impida alcanzarlo.  Cuántos hombres y mujeres hay, que se pasan la vida luchando por ser cada día más ricos, por tener más fama, más poder, incluso más belleza, y se olvidan que todo esto es pasajero.   Solo Dios puede llenar nuestra vida y darnos la felicidad plena, quien lo encuentra vivirá feliz, lleno de paz y de alegría.

 

Queridos hermanos y hermanos, valdría la pena que hoy nos detuviéramos unos momentos para reflexionar y preguntarnos: ¿cuál es el verdadero tesoro de mi vida?, ¿en qué está realmente puesto mi corazón?

 

Nuestro verdadero tesoro debe ser el  proyecto apasionante del Padre, que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, más fraterno y dichoso.

 

Tengamos en cuenta que al final de los tiempos el Señor separará a buenos y malos; por eso debemos cuidar  que nuestro corazón esté siempre puesto en las cosas buenas, esforzarnos por buscar los bienes espirituales sobre las cosas materiales, para que cuando el Señor nos llame, podamos gozar de la verdadera felicidad que perdura para siempre.

 

Reciban afectuosamente mi aprecio, cercanía y oraciones,

 

Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala