Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Viernes Santo

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

14 de abril del 2017

 

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

Hoy celebramos como Iglesia el verdadero día del amor, un amor que llegó hasta las últimas consecuencias;  el Hijo de Dios hecho hombre entrega su vida por cada uno de nosotros, para librarnos de las ataduras del pecado.

Viernes Santo La expresión máxima del Amor.

 

La liturgia de la Pasión de Cristo, según san Juan, quiere mostrarnos que en la cruz está el cumplimiento de la antigua alianza y la verdad de la nueva Pascua (identificación con el cordero pascual).

 

La muerte de Jesús es la expresión máxima del amor de Dios; gracias a ella es posible el perdón de nuestros pecados: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados” (1 Juan 4,10).  Es el perdón de Dios y la reconciliación con Él, lo que está en el centro de la celebración del Viernes Santo.  Podemos entonces, entablar una nueva relación con Dios; estar en paz con él, coexistir en relaciones armoniosas con los demás -que cuánta falta nos hace en este momento de violencia, , abortos y homicidios, extorsiones- y vivir una existencia reconciliada con nosotros mismos y con la creación.

 

El ayuno que hoy vivimos tiene que ser signo de la relatividad de los propios bienes y gestos personales, en orden a redescubrir la verdad de la propia vida, cuyo sentido más excelso es el servicio en favor de los demás.

 

El Viacrucis que hoy rezamos es el camino del calvario que se actualiza, y se necesita recorrerlo con los pies  el corazón, poniendo ante nuestros ojos el infinito amor de Dios, la complicidad del pecado humano, la grandeza de la salvación.

 

Por lo tanto la muerte en la cruz es la máxima expresión del amor de Dios al hombre y del desamor del hombre a Dios. Es en la muerte de Cristo donde se revela la tragedia del misterio del pecado, y la grandeza del misterio de la piedad.

 

¿Cuál debe ser la actitud de nosotros los cristianos en éste día?

 

La actitud de un cristiano ante la Cruz, no puede ser la indiferencia ni la cobardía,  la evasión ni el miedo.  Cristo no nos guarda rencor, como tampoco se lo guardó a los que lo condenaron, a los que se burlaban de Él. Su rostro ensangrentado, sus manos clavadas, son un signo del perdón.  Debemos mirar a la Cruz en profundo silencio, con humildad, reconociendo nuestras propias culpas.  Desde el fondo de nuestro corazón debemos decir “gracias Señor”.

 

Pero si al mirar a la Cruz nos reconocemos cómplices de otras cruces, culpables del odio, del egoísmo, de la injusticia, del sufrimiento de otros “cristos vivientes” de nuestro mundo y nuestra sociedad, seamos sinceros.  Sólo quien está dispuesto a romper estas cruces puede no avergonzarse ante Cristo clavado en la cruz.  Sólo quien acepta morir por la liberación de los demás, puede decir que ha celebrado el viernes santo. Que las procesiones que veremos en este día, nos ayuden a reconocer a Cristo que sigue sufriendo en cada persona que es víctima de injusticias y atropellos a su dignidad.

 

Que nuestra Madre la Virgen Dolorosa, interceda por nosotros, nos ayude a llevar la cruz de cada día, morir a nuestro pecado, y así un día poder resucitar gloriosamente con Cristo.