Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Domingo de Ramos

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

9 de abril del 2017

 

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén.  El Evangelio que se proclama al inicio de la procesión pone de manifiesto que Jesús es el “Hijo de David”, un importante título mesiánico, que subraya que Él es un Rey humilde, justo y victorioso que restaurará la ciudad de Jerusalén.

La escucha de la Palabra de Dios nos lleva a descubrir el mensaje de salvación, la invitación personal y comunitaria que Cristo nos hace al entrar a su Pasión.  La alegría de las palmas lleva consigo la mezcla de la amargura por el desconocimiento y el odio hacia Cristo.  Mientras el pueblo sencillo grita “¡Hosanna!”, porque está convencido de que la esperada salvación está llegando en Jesús; hay quienes no alcanzan a comprender este misterio y reducen a Cristo a un simple profeta que viene de Nazaret, de donde nada bueno puede salir.

 

Hagamos una breve reflexión en torno a la aceptación y negación del Mesías:

 

Las palmas representan la Alegría por el Mesías esperado, y la Pasión nos muestra a la gente que no quiso reconocer a Jesús.  En nuestra realidad vemos reflejada después de tantos años de diferencia la misma situación.  Gente que con palmas y mucha sencillez, que una fe purificada y una devoción auténtica quiere vivir y renovar su compromiso con Dios; pero que también vemos gente que no reconoce en este tiempo una oportunidad para actualizar o renovar su compromiso con Dios, que ven la semana mayor únicamente como un descanso del trabajo, un tiempo para relajarse o distraerse; también hay gente oportunista de la fe, que en nada piensa en el amor de Dios, sino simplemente en satisfacer sus necesidades propias.

 

En la lectura de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, encontramos un elenco de personajes con los que muchas veces podremos identificarnos: Todos tenemos algo de Pedro (cuando negamos conocer a Jesús por miedo al qué dirán), de Judas (cuando Jesús confiando en nosotros, le negamos intencional, consciente y voluntariamente), de los fariseos (cuando por envidia, queremos buscar nuestros intereses, nos olvidamos de hacer la voluntad de Dios), de Herodes (viviendo este tiempo como una distracción, un circo), de Pilato (cayendo en la indiferencia, sabiendo que podemos hacer más, pero preferimos lavar nuestras manos, pero no nuestra conciencia), de los soldados (que por trabajo tienen que estar con Jesús, unos aceptándolo pero otros insultándolo), de la Virgen María (como buena Madre estando siempre con su Hijo), de Juan (que acompaño a la Virgen María en todo momento y no dejó sólo a Jesús), de José de Arimatea (que dejó entrar a Jesús tanto en su vida como en sus posesiones materiales). Valdría la pena que reflexionáramos un momento, ¿Qué significa Jesús en mi vida?

 

Debemos aprender de nuestro gran Maestro: cuando Zacarías lo  profetiza como “Rey humilde y pacífico”, caballero de un burrito, profecía que hemos actualizado hoy Domingo de Ramos. El triunfo de Cristo es paradójico, pues no se trata de una entrada en la ciudad conquistada con carros de combate, sino de una victoria que va a nacer de la aparente derrota en la cruz.

 

Los exhorto para que vivamos intesamente estos días santos, a que participemos activamente en las celebraciones que se realizan en nuestras comunidades parroquiales, a fin de que la fe que profesamos ,  nos llene de esperanza y nos impulse a seguir a Jesús en su camino hacia la Cruz, para que podamos también acompañarlo en su gloriosa Resurrección.

 

Que la Virgen María Señora y Madre nuestra que estuvo serena y fuerte junto a la cruz de Jesús, ofreciéndolo al Padre para la redención del mundo, nos acompañe en nuestras alegrías y de manera especial en nuestros dolores.

 

Con mi atento saludo,

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala