Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

V Domingo de Cuaresma, 2 de abril del 2017

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Hermanos y hermanas en el espíritu de Cristo:
En este domingo unimos nuestra voz al salmista diciendo: “Desde lo hondo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante”(Sal 129). Desde nuestra pequeñez y nuestra condición de pecadores, suplicamos para alcanzar tu misericordia.

La liturgia de este día nos presenta como tema central la vida; el profeta Ezequiel nos dice en la primera lectura, “abriré sus sepulcros, los haré salir, les infundiré mi espíritu y vivirán”. San Pablo en la segunda lectura nos recuerda que: “El cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos, habita en nosotros y nos vivificará”. 

Dos puntos importantes para reflexionar  este día:

Primero, existen muchos muertos espirituales.
Un muerto espiritual es el que está bajo los efectos del pecado; el poder del pecado y el reinado del pecado habita en su ser. Puede tener vida física, pero su espíritu está totalmente separado de Dios, y esto se evidencia en su estilo de vida. Todo su ser, sus pensamientos, sus emociones y su voluntad está dominada por el pecado, aún cuando no lo reconozca. Los vicios, tales como las borracheras, las drogas, la inmoralidad sexual, la corrupción, hacen evidente el estado de muerte espiritual. Pero la muerte espiritual no se limita solo a estos vicios,  sino también se comprueba en el orgullo, la codicia, la mentira, la lujuria, el odio, la soberbia y la hipocresía.

En algunos casos la descomposición no ha avanzado tanto, pero es solo cuestión de tiempo para que se haga más evidente.  Muchas veces solemos pensar que estamos bien, que solo tenemos unos pocos pecados por ahí, los cuales podemos compensar o corregir haciendo alguna buena acción.  Si estamos muertos espiritualmente por el pecado, nada que hagamos podrá traernos a la vida.  No importa que vayamos a la iglesia, que carguemos procesiones, que cambiemos de religión, o que nos esforcemos haciendo obras de bien.  No hemos comprendido aún la realidad, el muerto no puede levantarse por sí mismo.

Segundo, Jesucristo es nuestra vida en abundancia.
Cuando estamos a unos días de Semana Santa y Pascua, el relato de la resurrección de Lázaro se nos da como un anticipo de la resurrección de Jesús. Resucitando a Lázaro, Jesús se revela a sí mismo como nuestra Resurrección y nuestra Vida, nos revela también que la última palabra sobre la realidad no la tienen ni la muerte ni el mal, sino el Padre que, por amor y fidelidad a nosotros, nos resucitará como resucitó a su Hijo Jesús.

Jesús también nos dice a nosotros: "Sal fuera", del sepulcro de la rutina, de la desesperación, de la tristeza, del miedo, de la violencia, de la soledad, de las enfermedades, de la tumba del vicio;  colócate en el país de la vida, porque Yo "Vine para que tengan vida, y la tengan abundante".

Si nosotros salimos de nuestras tumbas de pecado, de nuestro aislamiento, de nuestra indiferencia, y caminamos juntos en el Señor, seremos una gran luz y una fuente de vida para los demás.

Pidámosle a nuestra Madre la Virgen María, que interceda por nosotros y que nos ayude a salir de nuestros sepulcros, para que viendo nuestro testimonio de vida cristina, muchos más puedan creer en Jesús.

Con mi saludo de padre y pastor,


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb
Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala