Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

IV Domingo del tiempo Ordinario, 29 de enero de 2017

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Hermanos y hermanas en el Señor:

 

Celebramos hoy, el Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario.  Jesús en el sermón de la montaña, nos da la clave para ir por el camino que verdaderamente nos lleva a la felicidad.

Las Bienaventuranzas son los aspectos que distinguen al verdadero discípulo de Cristo, y expresan la felicidad de la persona, que por supuesto, no descartan los sufrimientos, las contrariedades, ni las persecuciones.  El Papa Francisco define las Bienaventuranzas como el programa, la tarjeta de identidad del cristiano.

 

Estemos atentos a las indicaciones que recibimos del que hacer como Iglesia, siempre al estilo de Cristo, ser humildes entre los humildes, pobres entre los pobres, no tengamos miedo a ser distintos a los demás, en lo se que refiere a nuestra conversión, tanto personal como pastoral.  Seamos capaces de anunciar siempre la alegría del Evangelio con un lenguaje sencillo y muy humano, construyendo comunidades parroquiales que tengan el  sentido de ser una verdadera Iglesia.

 

El mundo actual busca la felicidad de una manera precipitada, su mayor satisfacción es muchas veces, el dinero, el poder, el placer, con un afán que pone de manifiesto un vacío interior, porque al final de nuestra existencia todo resulta efímero. El cristiano tiene que ser alguien diferente, ser fiel a Jesús, vivir conforme al Evangelio, aunque muchas veces esto parezca ir en contra de la corriente.

 

Las Bienaventuranzas son el camino que siguieron los santos, y que nosotros los cristianos también estamos llamados a seguir. La Iglesia tiene necesidad  de hombres y  mujeres santos, que vivan la caridad, que no escatimen nada para vivir en fidelidad el proyecto de Dios, un proyecto bello,  cautivador, que da pleno sentido a la vida.  En nuestras comunidades parroquiales hemos de renovar constantemente nuestro prototipo de ocupar los primeros puestos, y vivir una autentica comunidad a imagen y semejanza del verdadero proyecto de Cristo.  San Pablo nos recuerda en la segunda lectura, que no debemos caer en la pretensión de una inteligencia llena de soberbia y orgullo, porque nuestra sabiduría, nuestra santificación y nuestra redención, vienen de Dios.

 

Pidámosle a Dios que por medio de su Palabra nos permita hacer siempre su voluntad; que su espíritu ilumine nuestro actuar para cumplir su voluntad  y alcanzar el sentido pleno de todo fiel discípulo de Jesucristo.

 

Con mi atento saludo,

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala