Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

CUARESMA 2018

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

“TIEMPO DE GRACIA Y CONVERSIÓN PARA LA RENOVACIÓN”

 

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

El camino cuaresmal es un tiempo de conversión y de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente, en especial para nuestra Arquidiócesis; es un tiempo de gracia, en el que por medio de la oración, el ayuno, y la caridad, podemos descubrir el rostro misericordioso del Padre.

Cuaresma es el camino que nos conduce a la celebración de la Pascua.

 

Podemos participar en grandes procesiones, venerar con ilusión a la imagen de pasión de nuestra devoción, pero si no nos convertimos, nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta y de indiferencia ha causado muchos problemas en nuestro país, tanto, que es la causa de la corrupción que impera a todo nivel. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

 

Cuando nos convertimos al amor de Dios, encontramos las respuestas a las preguntas que la historia nos plantea continuamente. La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real, también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír esta Cuaresma el grito de los profetas, que levantan su voz y nos despiertan, algo nuevo ha brotado, debemos notarlo y trabajar por ello.

 

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo único por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, no podemos quedarnos en una eterna cuaresma, con el Cristo muerto; las procesiones y actos de piedad son una oportunidad para convertirnos y prepararnos para vivir y celebrar en definitiva al misterio pascual de Cristo.

Uno de los desafíos más urgentes es la renovación pastoral de nuestra Arquidiócesis, en la que todos debemos comprometernos. Qué mejor momento para convertirnos que el tiempo de cuaresma. No podemos ser indiferentes ante las necesidades de nuestras comunidades eclesiales. El pueblo de Dios tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. También como personas tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. Debemos realizar acciones concretas para transformar nuestra sociedad guatemalteca, para convertirnos a Dios.

 

En primer lugar, debemos orar por la comunión en nuestra Arquidiócesis. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. Tengamos siempre presente en nuestras peticiones el proceso de renovación pastoral en el cual todos estamos participando.

 

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, no sólo con las instituciones de la Iglesia, sino con nuestras iniciativas personales.  La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por los otros, con un signo concreto, ya sea ayudando materialmente o realizando también las obras de misericordia espirituales y corporales.

 

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano nos recuerda la fragilidad de la vida, y la necesidad que tenemos de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las sorpresas que el amor de Dios nos tiene cuando decidimos convertirnos.

 

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar junto con ustedes en esta Cuaresma, para pedirle al Señor que nos dé un corazón dispuesto a cambiar, a renovarse y permitir que lleve nuestra vida hacia la renovación de la Iglesia, respondiendo a la novedad de la Palabra de Dios, que es siempre antigua y siempre nueva, pidamos al Señor “Haz nuestro corazón semejante al tuyo”. De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo. No permitamos que esta cuaresma se nos vaya sin convertirnos.

 

Vivamos la religiosidad popular con un verdadero sentido cristiano. Las Procesiones, las Velaciones y los Vía Crucis no son actividades paganas, son actividades profundamente religiosas, y por tanto hay que vivirlas desde la perspectiva de la fe. Nosotros no debemos acercamos a ellas como simples obras de arte, o por la belleza de los adornos, sino por el significado espiritual que tienen.

 

Queridos hermanos y hermanas de las Hermandades, Asociaciones y Cofradías de Pasión, trabajen en plena comunión con su párroco, que todas las actividades que realicen se conviertan en un medio eficaz para la evangelización; no hagan sus actividades simplemente para lucirse, o para competir, y peor aún, para lucrar, recordemos que a través de la religiosidad popular, nos acercamos al misterio de la redención que nos salva y nos redime.

 

Pidamos la intercesión de la Virgen María, para que en esta Cuaresma nos ayude a descubrir al Cristo vivo y sufriente, que camina por las calles de nuestras comunidades.

 

Fraternalmente,

 


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala

 

 

Guatemala de la Asunción, 5 de febrero de 2018