Mensaje del Señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Segundo domingo de Adviento, 10 de diciembre de 2017

Mensaje del Señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Hermanos y hermanas en el Señor:


En el segundo domingo de Adviento, el llamado de Juan el Bautista trasciende  los siglos, “Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos”.  Este es el desafió y la tarea de todo cristiano, trabajar en medio del mundo que muchas veces se asimila al desierto.

Esa Voz que nos invita a transformar nuestra vida, a quitar todo aquello que se convierte en obstáculo para que el Señor venga a nosotros, se ha ido extinguiendo en medio de tanta propaganda que nos invita a celebrar las fiestas de fin de año, y no el nacimiento de Jesús.

 

Las campañas publicitarias nos bombardean con infinidad de ofertas, invaden nuestra mente y nuestro corazón con  cosas que solamente son vanidad.   En medio de esta turbulencia, tratemos de encontrar el verdadero significado de la Navidad, reconciliémonos con Dios y con nuestros hermanos, preparemos lo que verdaderamente es necesario para recibir al Señor.

 

Al contemplar con fe la belleza de la Palabra de Dios, podremos descubrir el consuelo y la esperanza que nos transmite.  Dios se hace escuchar de nuevo con palabras de bienestar, confianza y solidaridad, a través de cosas nuevas que hacen ver lo posible donde todo parecía imposible.

En medio de tanta necesidad de consuelo y de confianza, nuestro país necesita escuchar la voz de Dios.  Los caminos con más dificultades son los de nuestro corazón, y es justamente el corazón lo que debemos limpiar, debemos rectificar lo que en nosotros pueda impedir ese encuentro con Jesús.

 

El Evangelio nos muestra la figura esperanzadora de Juan el Bautista, que nos invita a seguir el camino del Maestro, por supuesto que no es un camino fácil, requiere de un aislamiento en nuestro desierto; sin embargo, este caminar no lo haremos solos, Jesucristo será quien cambie todo, Él hará que todo sea nuevo en nuestras vidas.

 

Este es un tiempo para aprender a orar personalmente, en familia y en la comunidad, de corregir nuestros comportamientos dañinos y egoístas, de reconocer la presencia de Jesús en medio de la Iglesia, de dirigir nuestro corazón a María para aprender de ella a esperar y preparar la venida del Salvador.

 

Pidamos a nuestra Madre, la Virgen María, que nos acompañe en este caminar de preparación, que siguiendo su ejemplo de servicio y humildad, nos permita ver a Jesús como nuestro guía, que se puso al servicio de todos cumpliendo las promesas de su Padre; que en la Eucaristía se vayan renovando las fuerzas de ser cada vez más hermanos, y que nuestro corazón se vaya abriendo al mensaje de conversión y espera.

 

Con mi atento saludo, les deseo a todos un feliz domingo,

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala