Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

5 de noviembre de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

 

Una vez más nos reunimos, como familia de Dios, en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía.  En la vida de todo cristiano, la celebración de la Eucaristía dominical debe ocupar un lugar preeminente, debemos procurar que sea el acontecimiento central de nuestra vida. Porque “cuando el domingo pierde el significado originario y se reduce a un puro «fin de semana»,

puede suceder que el hombre quede encerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el «cielo»” (DD 4).

 

En el Evangelio que hoy se proclama, encontramos una advertencia que Jesús hace a sus discípulos, de no caer en la tentación de los hombres religiosos de su tiempo; pero también ese llamado resuena en los hombres de todos los tiempos, y nos pone también a nosotros en el primer plano.

 

El pasaje del Evangelio nos pone de manifiesto dos partes sumamente claras: la descripción que Jesús hace de las actitudes de los escribas y fariseos; y la exhortación que da a sus discípulos de obrar rectamente, según la voluntad de Dios.

 

Jesús condena plenamente las actitudes de aquellos hombres que eran especialistas en interpretar y enseñar las escrituras, que cuidaban la ley hasta el más mínimo detalle; pero su obrar tan rígidamente no era más que para hacerse notar, para buscar títulos y honores, y no para agradar a Dios.

La advertencia de Jesús nos alcanza a todos, sacerdotes, religioso y laicos; debemos cuidarnos de no actuar con hipocresía, de aparentar delante de los demás lo que no se es, |y peor aún, de buscar títulos o puestos que nos den poder, que nos hagan ser importantes.

 

Los títulos y los primeros puestos deben ser siempre para servir, sobre todo a los más necesitados, para agradar a Dios con nuestras obras, y no para poner la carga sobre los demás.

 

Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, nos dice el Señor, y esa debe ser la mayor dignidad de todo cristiano católico, servir con humildad, con obediencia, con amor, con la delicadeza de una madre que cuida a sus hijos.

 

Queridos hermanos sacerdotes,  el Señor nos ha llamado para servir, para santificar y para amar a su pueblo, para practicar la caridad en su expresión máxima, para transformar los caminos de sufrimiento y de muerte, en caminos de vida abundante.  Como discípulos del único Maestro, estamos llamados a llevar un estilo de vida coherente con lo que predicamos; evitemos los comportamientos arrogantes y prepotentes, pues esto contraviene nuestra dignidad de hijos de Dios y servidores de su Iglesia.

 

Pidámosle a nuestra Madre la Virgen María, que por su intercesión alcancemos la gracia de poder vivir según los criterios de Cristo y de su Evangelio.

 

Les deseo a todos un feliz día del Señor, y una buena semana.

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala