Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XXV domingo del tiempo ordinario

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Queridos hermanos y hermanas:

La liturgia nos muestra hoy la bondad del Señor, y la sobreabundancia de su misericordia.

 

El texto del Evangelio que hoy proclamamos,  es una escena en la que descubrimos que muchas veces nuestra manera de pensar y de actuar no es lo que Dios espera de nosotros.

El obrar del propietario de la parábola es interpretado como injusto  por los trabajadores que llegaron primero, se fueron con lo que les tocaba, pero más que agradecidos murmuran contra el  dueño de la viña, quien a su juicio fue injusto con ellos; sin embargo, los  que fueron y trabajaron sin exigir nada, sino simplemente confiaron en la bondad  del dueño de la viña, se fueron felices y agradecidos, pues sin merecerlo recibieron su paga

 

Esto mismo sucede muchas veces con nosotros, el Señor nos llama a todos para trabajar en su viña, a unos antes y a otros después, y será al final de nuestra vida terrena cuando recibamos lo que es justo, y no por las muchas o pocas obras que hayamos realizado, sino por la bondad  de su gracia.

 

Jesús  quiere hacernos comprender que la salvación es un don gratuito, y no una recompensa proporcional a nuestro esfuerzo; es una gracia divina y no un salario.  Si le exigimos al Señor un salario a cambio de nuestro esfuerzo, entonces recibiremos el fruto a la medida de lo que hemos dado, que aunque parezca mucho resulta siendo algo muy pequeño.

 

Nuestra actitud debe ser la de los obreros que se integraron a las labores al final de la jornada, abandonarnos en la bondad del Señor, confiar en su justicia y ser agradecidos por todo cuanto recibimos.

 

El Señor sabe dar a cada uno lo que le conviene,  aún sin merecerlo, el que recibe más no debe enaltecerse de su merecimiento ni sentirse superior a los demás, y el que recibe poco no debe entristecerse ni sentirse menos que los demás; la bondad y la misericordia del Señor es la misma para todos.

 

Acojamos con el corazón abierto y con generosidad, a nuestros hermanos y hermanas que se van incorporando a la comunidad de la Iglesia,  que nadie se sienta extraño ni mucho menos rechazado, tengamos siempre presentes las palabras de Jesús en el Evangelio “los últimos serán los primeros, y  los primeros, los últimos”.

 

Estemos siempre atentos, frente a tantas expectativas falsas que el mundo actual nos ofrece, tratemos de vivir conforme al Evangelio de Cristo, cumpliendo siempre la voluntad de Dios.

 

Que tengan todos un feliz domingo, reciban con afecto mi saludo de padre y pastor.

 

+ Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala