Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XXIV domingo del tiempo ordinario

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

17 de septiembre de 2017

 

Cosas abominables son el rencor y la cólera, sin embargo, el pecador se aferra a ellas. (Eclo 27,30)

 

Hermanos y hermanas en el Señor:

La liturgia de este domingo subraya la compasión y la misericordia que debemos mostrar entre nosotros, y nos lleva también a profundizar sobre la grandeza del perdón.

 

La respuesta de Jesús ante la pregunta crucial que le hace Pedro, se refiere al perdón sin límites, y para enseñarnos a perdonar, se vale de un ejemplo muy claro con la parábola del deudor y el rey, que quiso ajustar cuentas con sus servidores; de esta misma manera sucederá con nosotros cuando el Señor nos llame  para que entreguemos cuentas de nuestra vida.  En el texto del Evangelio descubrimos con claridad el contraste que existe entre la gran misericordia de Dios y la infame crueldad del ser humano.

 

El perdón debe ser siempre una manifestación congruente del amor entre Dios y los hombres; todos sabemos que perdonar no es tarea fácil, pero si la consideramos a la luz del perdón que Dios nos concede, se volverá más cómoda, mostrándose como una prolongación de la obra salvadora de Cristo.

 

Los guatemaltecos vivimos en una sociedad llena de odio, violencia y agresión; los cristianos estamos llamados a cambiar esta realidad,  y la única forma de erradicar estos aspectos tan negativos que corroen nuestra vida cristiana y social, es el perdón.

 

Jesús proclamó siempre el perdón de Dios a los hombres, pero al mismo tiempo, añadió la exigencia del perdón mutuo como una condición para obtenerlo.  El Señor nos recuerda en su Palabra, que quien no está dispuesto a perdonar, se excluye así mismo del perdón divino; quien no practica el amor y no deja entrar en él la misericordia divina, se condena, porque el amor de Dios no juzga ni condena a nadie, somos nosotros mismos los que le damos a Dios la medida del perdón que de Él esperamos, si perdono de corazón al que me ha ofendido, entonces el Padre que está en los cielos también me perdonará.

 

Queridos hermanos, nuestra principal tarea como misioneros, debe ser siempre el perdón que salga de lo más profundo de nuestro corazón.  Si sembramos el perdón en nuestras vidas y en nuestra sociedad,  alcanzaremos la paz.

 

Pidámosle al Señor, la gracia de poder abrir nuestro corazón para perdonar con generosidad y fidelidad, pues el signo de todo cristiano debe ser la misericordia, que hace presente a Dios en el mundo y nos enseña que el amor es más fuerte que el pecado.

 

Feliz domingo para todos, que el Señor los bendiga.

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala