Mensaje del Señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Mensaje del Señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

3 de septiembre de 2017


Hermanos y hermanas en el Señor:

 

Hemos llegado nuevamente a la celebración del domingo, día en que celebramos semanalmente el triunfo del Señor;  y en este día todos estamos llamados a reunirnos en torno al altar, para dar gracias a Dios, que nos “hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1 Pe 1,3).

El encuentro con la Palabra de Dios nos orienta a contemplar la seducción que tiene el Señor para con Jeremías; la fuerza del amor es la gracia que atrae al profeta, como un fuego ardiente encerrado en sus huesos,  y a pesar de las tribulaciones y del rechazo, sigue anunciando con plena confianza la palabra el Señor.  En Jeremías pudo más el amor que dañaba su presente, que la comodidad que hubiera arruinado su futuro. Con este testimonio hemos de inspirarnos para ser perseverantes en la fe; que los tormentos de la vida no sean obstáculo para fijar nuestra mirada en el Señor.

 

De la misma manera podemos apreciar las palabras de nuestro Maestro que predica: “El que quiera venir conmigo que renuncie a sí mismo” (Mateo 16, 24); estas palabras del Evangelio nos llevan a comprender que debemos romper con todo egoísmo, vanidad, placer,  y con todo  aquello que no nos deje ser libres para el seguimiento pleno de Jesucristo.  Tenemos que ser capaces de desprendernos de nosotros mismos, para darnos a los demás. Así como Cristo fue humillado y supo donarse totalmente a la humanidad, así debemos ser todos los cristianos.

 

Nuestra vida se encuentra muchas veces inmersa en un campo de batalla, donde luchan la verdad de Dios y los criterios del mundo, que muchas veces se oponen a la doctrina cristiana, y tratan de desviarnos por caminos equivocados.

 

Ante tal situación, los invito a que nos dejemos iluminar por las palabras de san Pablo: "No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto." (Rom 12,2).  Definitivamente, el Señor nos invita a ser siempre agradables ante sus ojos, a cumplir su voluntad para encontrar una felicidad plena.

 

Queridos hermanos, los exhorto a que seamos capaces de llevar una vida de fe autentica; esto nos refiere a una mente nueva, y un corazón renovado, a no dejar que el pensamiento puramente humano domine nuestros actos, aunque las propuestas novedosas que solamente conducen al consumismo y vanidad sean atrayentes, debemos saber  rechazar todo aquello que nos aprisione y nos aleje de la voluntad de Dios.

 

Seamos fieles discípulos de Jesucristo y demos testimonio de una auténtica vida cristiana, glorificando a Dios con nuestra vida y con todos nuestros actos.

 

Con mi atento saludo,

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala