Mensaje del Señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XXI domingo del Tiempo Ordinario

 Mensaje del Señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

27 de agosto de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

Qué alegría volvernos a encontrar en la celebración semanal de la Pascua del Señor.

Debemos dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, pues es un deber irrenunciable de todo cristiano católico, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como una necesidad de  vida cristiana verdaderamente consciente y coherente. (Cfr NMI 35-36)

El domingo pasado, reflexionamos sobre la generalidad de la salvación. En el Evangelio de hoy, Jesús hace a sus discípulos dos preguntas fundamentales para la fe de la Iglesia: ¿Quién dice le gente que es el Hijo del Hombre?, una pregunta que se convierte en un momento de incertidumbre, que se expresa en la respuesta que dan a Jesús sus mismos discípulos, y que en algún momento pareciera no estar iluminada por la fe.

 

Las opiniones son variadas, y ponen en evidencia las expectativas, que en aquel momento  había en el pueblo de Israel, sin embargo, ninguna de estas respuestas es acertada, y solo deja entrever que la gente únicamente sigue a Jesús por lo que dice y hace.

 

Ante tal expectativa, Jesús hace a sus discípulos una segunda pregunta: y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?, Pedro por inspiración del Espíritu, toma la iniciativa y responde con toda claridad: “Tú eres el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.  La respuesta de Pedro es la respuesta de la Iglesia, que se actualiza cuando proclamamos el Credo, porque la fe de Pedro es la fe de la Iglesia y ella no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella y le da vida, la alimenta y la fortalece. (Francisco, Ángelus, 27.VII.14)

 

El texto del Evangelio culmina con un llamado y una misión: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos.

 

"Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá" hace referencia el profeta Isaías refiriéndose al nuevo mayordomo del palacio real; sin embargo, en la persona de Jesús encontramos que le dice a Pedro: “Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

 

Con estas palabras, constatamos el encargo particular que Pedro ha recibido de Cristo, y que actualmente constituye la esencia del ministerio que realiza el Papa, como su sucesor.  De ahí la importancia de la jerarquía de la Iglesia, como instrumento del Señor para anunciar con fidelidad la Buena Nueva en nuestro tiempo; somos una Iglesia que recibe del mismo  Jesucristo el mandato de obediencia al Papa.

 

Pidamos al Señor que nos dé siempre la sabiduría necesaria,  para reconocerlo como el Mesías, el Hijo de Dios, el que sostiene y anima nuestra fe.

 

Reciban con aprecio, mi saludo y bendición.

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala