Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XX domingo del Tiempo Ordinario

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

20 de agosto de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Reunidos en torno al Altar, celebramos el memorial de la Pascua de Jesús.  El Papa Francisco nos enseña que “la Eucaristía constituye el vértice de la acción de salvación de Dios:

el Señor Jesús, haciéndose pan partido para nosotros, vierte, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, tanto que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos”.

En la liturgia de la Palabra descubrimos hoy dos temas importantes: la generalidad de la salvación y la perseverancia que debemos tener en la oración.

 

El signo general  de la salvación se manifiesta en el encuentro de Jesús con la mujer cananea, pagana y despreciada por el pueblo judío;  de acuerdo al criterio de los judíos, los paganos eran considerados como perros,  de allí la expresión de Jesús en el texto del Evangelio.

 

El encuentro de Jesús con esta mujer, nos dejar ver que su amor es para todos, que su corazón está siempre abierto para acoger a todos los hombres y mujeres, sin importar su condición.   El Señor se acerca amoroso y compasivo a todos los marginados y despreciados, a todos los que sufren y no tienen quien los ayude en su miseria o enfermedad.

 

El camino que llevó a la mujer cananea hasta Jesús fue la oración, y ese debe ser también el camino que nos conduzca  a nosotros hacia Él.  La oración es elevar el corazón a Dios, con sencillez y sinceridad, en la vida del cristiano debe ser  algo tan humano como respirar y como amar, y no precisamente debemos orar solo por nosotros, sino también debemos hacerlo por las necesidades de los demás.

 

En la acción del personaje del Evangelio se manifiestan la fe, la paciencia y la humildad; tres elementos muy importantes que debemos tener presente en nuestra comunicación con el Señor.

 

La fe, porque creyó  firmemente que Jesús podía librar a su hija del demonio que la atormentaba.

La paciencia, porque a pesar de no haber sido escuchada en un principio, fue perseverante en sus súplicas.

La humildad, porque habiendo sido comparada con los perros, supo reconocer  que por pertenecer al grupo de los paganos, no podía esperar  mucho de lo que pedía, pero se contentó con alcanzar las migajas que caen de la mesa donde se sirve el pan entero.

 

Que el ejemplo de la mujer cananea nos ayude a ser siempre perseverantes, pacientes y humildes en nuestra oración.

 

Reciban con afecto, mi saludo y bendición,

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala