Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XV domingo del tiempo Ordinario

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

16 de julio de 2017

 

Hermanos y hermanas en el Señor:

 

Qué alegría volvernos a encontrar en la celebración del día del Señor. “El domingo es el día de la resurrección, es el día de los cristianos, es nuestro día” (DD2); es el día propicio para renovar el encuentro personal con Cristo resucitado.

Mediante el recurso de las parábolas, el Señor nos va guiando en la escucha de la Palabra, y hoy emplea la figura del sembrador para enseñarnos que la Buena Nueva está destinada a todos, sin embargo, la misma no es acogida por todos de la misma manera, diversos son los terrenos que la reciben.   En el camino de la vida por el que todos transitamos, hay terrenos áridos, pedregosos y con espinas, pero hay también tierra buena que acoge la semilla y la hace producir.

 

El sembrador, que es el mismo Dios, esparce la semilla equitativamente; pero cada terreno, que es símbolo del corazón del hombre, es el único que puede manifestar la apertura o el rechazo a la Palabra del Señor.  Con toda claridad podemos comprender que el Evangelio de Cristo no se impone, todo hombre y mujer, es libre de aceptar o rechazar el mensaje de salvación.

 

Muchas veces la semilla es acogida pero queda a flor de tierra; hay tantos cristianos que asisten a la celebración eucarística, que participan activamente en sus comunidades parroquiales, que cuando se les habla de los santos y de actividades de religiosidad popular se alegran,  pero de pronto todo se olvida, porque es simplemente una alegría pasajera.

 

En el segundo caso, los hombres y mujeres de corazón endurecido, que viven alejados de la doctrina del Señor, preocupados por las cosas del mundo y por la seducción de las riquezas y del poder, cierran totalmente su vida a la acción salvífica del Dios.

 

El suelo que acoge la semilla pero que las espinas la ahogan, podríamos decir que es el caso más común en nuestro tiempo.  Nuestras preocupaciones y carreras diarias, el bombardeo del mundo secularizado que nos quiere hacer creer en la vanidad y en la mentira, la situación tan difícil que vive nuestra sociedad guatemalteca, y tantas otras situaciones que nos aturden continuamente, que unidas a la prisa y la ansiedad,  se convierten en las espinas que ahogan la semilla de salvación que ha sido sembrada en nuestro corazón.

 

Los corazones que obran en la verdad y responden con generosidad, que toman las cosas de Dios con seriedad y compromiso, es la tierra buena y fructífera, donde la semilla es bien recibida y aprovechada; pero que debe mantenerse siempre en guardia, para que la maldad y las cosas del mundo  no impidan que la semilla siga dando frutos de salvación, y la Palabra no regrese estéril a su Creador.

 

Los animo a mantenernos asiduos en la oración y en la escucha de la Palabra, para que nuestro corazón se vaya transformando en tierra fértil y fecunda, que pueda dar frutos de conversión, y de un verdadero amor fraterno, que ame al Señor y que sirva a sus hermanos.

 

Con mi afectuoso saludo,


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala