Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

XIV domingo del tiempo ordinario

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

9 de julio de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas:

Nos reunimos una vez más para celebrar la Pascua semanal, hoy, el Señor nos enseña que la sabiduría del corazón es la que nos salva. “Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”.

No debemos entender nunca estas palabras  de Jesús, como una frase de alabanza para unos y desprecio para otros. Jesús sabía muy bien que la ciencia puede y debe ser un maravilloso instrumento para conocer mejor el universo, creatura de Dios, y para avanzar en el progreso de la humanidad. Lo que Jesús criticaba, al aplicar esta frase a los escribas, fariseos y maestros de la Ley, por un lado, y a sus discípulos, por otro, es la ciencia que hincha y envanece, frente a la sencillez, humildad y mansedumbre que sosiega el corazón e ilumina la mente.

 

La auténtica sabiduría es la que hace coincidir nuestra mirada con la mirada de Dios.  Huyamos siempre de la vana ciencia, que infla la mente y vacía el alma, y llenémonos de la sabiduría de Dios.  Los cristianos debemos amar la ciencia, porque la verdadera ciencia es creatura de Dios,  debemos ser sencillos, mansos y misericordiosos, porque sencillo, manso y misericordioso es el corazón de Jesús.

 

También nos ha dicho el Señor: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Hay veces en las que el yugo no es tan llevadero, ni la carga tan ligera de llevar.  Y esto bien podemos preguntárselo a tantos hermanos y hermanas nuestras que sufren de alguna enfermedad grave, a los que viven en extrema pobreza, a los que no tienen un empleo…  Pero siempre y en cualquier caso, una fe sincera y auténtica, ayuda a llevar la carga sin perder nunca la alegría interior y la esperanza cristiana.

 

A mayor fe, mayor esperanza y mayor caridad cristiana; el doliente y duro peso de la carga puede aliviarse y ser menos desesperante si confiamos en Jesús; Él sufrió la dura carga de su cruz, de los insultos y de la muerte, pero fue su amor al Padre el que  alivió  su duro y doliente caminar.  Fue el amor al Padre el que le dio fuerzas para aceptar el dolor que le causaban los injustos sufrimientos. Luchemos contra el dolor y la desesperación que nos causan las distintas situaciones de nuestra vida, pero luchemos siempre con amor, porque sólo el amor puede redimir nuestras penas y aliviar nuestro dolor.

 

Jesús nos dice hoy: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré… aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso”.

 

Que la Eucaristía sea para nosotros lugar de descanso y de encuentro amoroso con el Señor.

 

Reciban mi atento saludo y bendición.

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala