Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

18 de junio de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas:

En este día la Iglesia celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y  Sangre de Cristo.  Las lecturas que hoy se proclaman,  resaltan la nueva y eterna alianza que Dios hizo con su pueblo, y que Cristo selló con su sangre.

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, son palabras del evangelio de San Juan, que nos introducen en el misterio de la presencia Eucarística que celebramos.

 

EL libro del  Deuteronomio nos recuerda el paso del pueblo por el desierto, que tiene por objeto  despertar la responsabilidad de los oyentes respecto a las tareas presentes. La historia enseña al pueblo de Israel que su paso por el desierto, lleno de adversidades y contratiempos, no es simplemente una situación ciega, ajena a todo sentido y significado, sino un momento de prueba.  Un momento en el que Dios penetra el corazón del hombre, se hace  presente y ofrece el sustento a los que desfallecen.

 

Gracias a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, nos es concedida por medio de la fe, la vida eterna.  El evangelio subraya que Jesús mismo es el pan de vida: su carne es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida,  sólo el que come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna.  No se puede comer el Cuerpo del Señor como si fuera simplemente un pedazo de pan cotidiano; hay que abrirle nuestro corazón, hay que entregarle toda nuestra vida.

 

La Eucaristía es el sacramento que nos hace más patente el amor de Cristo.  En la Eucaristía encontramos la vida, en la Eucaristía encontramos las fuerzas para seguir el camino,  encontramos al amigo incomparable de nuestras almas, que está allí, siempre dispuesto a escucharnos y ofrecernos su amistad.

San Agustín llamaba a la Eucaristía: sacramento de amor, símbolo de unidad, vínculo de caridad.

 

Sacramento de amor porque "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo..." y por medio de la fe podemos comprender la intensidad del amor de Cristo, puesto que ese amor es la fuente de la Encarnación, de la Cruz, de la Iglesia y de los sacramentos.

 

Signo de unidad, "puesto que uno es el Pan, y un solo cuerpo formamos todos los que participamos de ese único Pan" (1 Co 10. 17). Cristo es la cabeza del Cuerpo Místico que formamos todos los bautizados.  Si recibimos a Cristo en la Eucaristía, recibimos también a todos nuestros hermanos. Comulgamos con todos ellos: santos o no, amigos o enemigos.

 

Vínculo de caridad, porque sin la comunión no habría amor para los demás.  Cada comunión debe hacernos crecer en el amor al prójimo.  El otro debe ser nuestra hostia diaria.  La Eucaristía debe crear en nosotros la decisión consciente de ir hacia los demás y entregarnos a ellos.  Por encima de las oraciones litúrgicas de acción de gracias, de las plegarias y rezos privados, la verdadera acción de gracias debe ser la caridad.

 

La Eucaristía debe ser nuestro modo de vivir, de amar y de servir; no tengamos miedo de hablar de Dios, ni de mostrar los signos de la fe.  Llevemos a Jesús a donde quiera que vayamos, hablemos de Jesús donde quiera que estemos.   Hagamos que Jesús viva entre nosotros, que sea parte de nuestra vida diaria, que nuestro corazón sea su casa, dejémoslo entrar en nuestra vida.

 

Les deseo a todos una feliz fiesta de Corpus Christi.


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala