Mensaje de Mons. José Cayetano Parra Novo, op Obispo Auxiliar y Pro- Vicario General Arquidiócesis de Santiago de Guatemala

V domingo del Tiempo Ordinario – 4 de febrero de 2018

Mensaje de Mons. José Cayetano Parra Novo, op Obispo Auxiliar y Pro- Vicario General  Arquidiócesis de Santiago de Guatemala

 

Queridos hermanos y hermanas:

En este domingo, V del tiempo ordinario, continuamos reflexionando cómo Jesús se manifiesta en nuestra vida, día a día y nos hace estar siempre dispuestos a participar del Pan de la Palabra y de la Eucaristía, que fortalece nuestra fe y nos ayuda a encontrarle un sentido pleno al anuncio del Reino de los cielos.

Una manera de entender la Palabra, es viviéndola con esperanza, aún  en medio del dolor,  reconociendo, incluso el dolor, como fuente de salvación.  En la primera lectura vemos la muerte como meta y fin de las angustias de la vida terrena, conscientes que esta vida es únicamente la antesala de la vida eterna a la que todos estamos llamados, el Evangelio responde al sufrimiento de esta vida, diciendo que solo hay que ver a Cristo crucificado, puesto que en el misterio del sufrimiento y el dolor siempre hubo una promesa de Vida, Resurrección y victoria. Y esta es la esperanza que debemos mantener siempre viva todos los cristianos.

 

Que el dolor y el sufrimiento no nos venzan, debemos estar conscientes que hemos sido redimidos por Cristo en la Cruz, y el dolor también podemos asociarlo a nuestra salvación, purificándonos por su medio y crecimiento espiritualmente; con todo, cuando hablamos del sufrimiento no lo hacemos sin conocer lo que realmente Cristo sufrió por nosotros. No tengamos miedo al sufrimiento; confiemos en Jesús como el gran médico, así nos lo presenta la Palabra; si la enfermedad nos lleva a tocar el fondo de nuestra debilidad, la sanación de Cristo nos lleva a experimentar la grandeza de la compasión y misericordia de Dios.

 

De este modo, vamos constatando la fragilidad de los seres humanos, sin embargo en medio de ella descubrimos la mano de Dios en cada momento que hayamos pasado por necesidad, enfermedad, dolor o angustia. Debemos aprender a sobrellevar el sufrimiento con paciencia y de esta manera estaremos uniéndonos a la Pasión de Jesucristo; siendo solidarios con los demás, absorbiendo el dolor del otro como lo hizo nuestro Maestro.

 

Que la enseñanza sea para nosotros, descubrir el amor que muestra la capacidad de adaptación, el cual no es pasajero o efímero, capaz de vencer cualquier obstáculo, y aun en medio de la derrota no desfallece.  Con la confianza en que el dolor nos salva, también podemos anunciar de mejor forma el Evangelio en este mundo de sufrimiento, podemos anunciar de mejor forma la llegada del Reino, haciéndolo cada vez más atractivo y novedoso.

 

Pidamos a María Santísima que siempre interceda por nosotros y nos enseñe el camino hacia Jesús.

 

Con mi atento saludo,