Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

III Domingo de Pascua , 19 de abril de 2015

Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

30 de abril de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Llenos de  alegría nos reunimos para celebrar la Pascua de Cristo, que es también nuestra pascua.

La Resurrección del Señor sigue siendo la gran noticia para todos los cristianos; la liturgia de la palabra nos sigue transmitiendo el mensaje de la Resurrección de Cristo; el testimonio de los que vieron a Cristo resucitado nos debe llenar de esperanza y de alegría.  Si hemos celebrado la Resurrección no podemos seguir siendo cristianos tristes, y sin esperanza, debemos mostrar al mundo que creemos en un Cristo vivo, que murió en la cruz para salvarnos, pero que resucitó venciendo a la muerte y al pecado, y esa debe ser la razón de nuestra fe.

 

El tercer domingo de Pascua, nos presenta un mensaje esperanzador, en el  hecho del encuentro de los discípulos de Emaús con Jesús resucitado.

 

Qué gran similitud descubrimos al comparar nuestro diario  caminar, con el caminar de estos hombres que habían seguido a Jesús con grandes expectativas y, que retornaban a su pueblo abrumados por tristes pensamientos de que todo había terminado.

 

Cuántas veces a pesar de asistir con frecuencia a la Eucaristía, de participar en las actividades de nuestra parroquia, de pertenecer a un grupo, hermandad o asociación, no reconocemos a Jesús que camina siempre  a nuestro lado.  Cuántas veces en nuestro caminar nos sentimos tristes y solos,  nuestra vida se  llena de sombras y perdemos la tensión vital, nuestro proyecto de vida  pierde fuerza y nuestro horizonte se empequeñece.

 

Esta es la situación psicológica y espiritual de los discípulos de Emaús, que ya no eran peregrinos sino errantes.  Esto ocurre cuando la vida pierde el rumbo, y comienza a girar en torno a nosotros mismos, nuestra vida se torna incierta y  comienza a perder sentido. Santo Tomás habla de una tendencia a “declinar”, que trae la tentación de la desesperanza; así caminaban los discípulos de Emaús: “con el semblante triste”.

 

Hoy la situación existencial no es ajena de ninguna edad, cultura o nivel social de nuestro pueblo guatemalteco. Tanta situación de violencia,  pobreza, inseguridad, desempleo, drogadicción, etc. nos hace sentirnos solos y tristes.

 

Jesús, en el episodio del Evangelio, al partir el pan y pronunciar  la bendición se reveló a los discípulos y les devolvió la alegría.  De igual manera lo hace con nosotros, en cada celebración de la Eucaristía, sale a nuestro encuentro para devolvernos el ánimo y la esperanza.

 

Una vez más Jesús se manifiesta como Luz que ilumina y ablanda la dureza del corazón, sana la mirada oscurecida y vence las tinieblas de nuestra vida.  De esta manera Cristo Eucaristía, hecho alimento, se hace así “Sacramento de la peregrinación”,  nos saca de la situación de errantes y nos hace peregrinos, caminantes con esperanza; Cristo Eucaristía, nos restituye el tono vital de nuestro caminar, reconforta y vence la tristeza y el desánimo.

 

Por eso hoy debemos decir todos: ¡Quédate con nosotros Señor! fortalece nuestra fe y nuestra esperanza para que podamos vivir en la alegría de tu Evangelio.

 

Les envío un cordial saludo de Pascua y mi bendición.

 

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala