Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

IV Domingo de Cuaresma, 26 de marzo del 2017

Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

Guiados por la Palabra de Dios seguimos recorriendo el camino cuaresmal, una vez más nos reunimos para celebrar la Eucaristía y dejarnos iluminar por Cristo, que  es la luz del mundo, y que debe irradiar en nuestras vidas por medio de las buenas obras.

Por tanto, estamos invitados a salir de nuestra ceguera espiritual:

Cuaresma es un tiempo para reconocer nuestra ceguera, si bien es cierto, que hay en nosotros momentos de honradez, lealtad y franqueza, una gran parte de nuestra vida nos la pasamos huyendo de la luz. Nos da miedo abrir los ojos y ver nuestra realidad, no queremos reconocer nuestras equivocaciones y nuestro pecado. Muchas veces pasamos de largo ante todo aquello que cuestiona nuestra forma de ser, nos encerramos tercamente en nuestras posiciones, nos obstinamos en defender lo indefendible y eludimos lo que nos obligaría a vivir con más verdad.

 

Quizá nuestro obrar no sea con mala intención, pero lo que necesitamos es mayor lealtad, mayor luz, ante nosotros mismos y ante Dios, una actitud más sincera y transparente, que nos permita vernos tal como somos y abrir nuestro corazón  al que es la Luz y la Verdad.

 

El episodio de la curación del ciego de nacimiento, nos recuerda que cuando nos dejamos iluminar por Cristo se nos abren los ojos, comenzamos a ver todo de forma diferente y perdemos el miedo de afrontar una nueva realidad.

 

Salgamos de la Miopía Espiritual:

La miopía es una enfermedad ocular que dificulta la visión de los objetos lejanos; si la aplicamos a nuestra vida espiritual, podremos decir que es cuando nos enfocamos solamente en nuestras realidades cercanas, perdemos de vista  lo que está lejos, incluso el mismo cielo; no podemos llegar a pensar que vida solo una tenemos, mal entendiendo el "carpe diem, carpe horam" (aprovecha el día, aprovecha la hora), llegando a no luchar por las realidades futuras, dejándonos seducir por el pecado, perdiendo de vista los efectos personales y sociales que esto causa.

 

También debemos cuidarnos de la Hipermetropía:

Cuando esta enfermedad afecta,  las personas ven distorsionados los objetos cercanos. Y en este tiempo de cuaresma, podemos padecer esta enfermedad; muchos participamos de la Eucaristía pero no estamos en comunión con nuestra familia;  ayunamos de alimento material, pero devoramos al prójimo con calumnias, difamaciones, chismes; participamos activamente  de las procesiones y otras actividades de la piedad popular, pero no vemos ni atendemos las necesidades de los demás. En un refrán popular sería “ser candil de la calle y oscuridad en la casa”.

 

Queridos hermanos, aprovechemos este tiempo para que Dios  ilumine nuestras realidades y nos haga salir de la ceguera espiritual; que la Cuaresma sea un examen que nos ayude a ver a Dios en nuestras realidades presentes, y a no perder de vista la esperanza del futuro cielo que nos tiene prometido.

 

Que la Virgen María, a quien frecuentemente vemos caminar tras su Hijo Jesús, encienda en nosotros el deseo de ver con la mirada limpia y el corazón arrepentido.

 

Con mi fraternal saludo,

 


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala