Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

III Domingo de Cuaresma

Mensaje del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

19 de marzo del 2017

 

Hermanos y hermanas en el Señor:

 

Estamos en el tercer domingo de Cuaresma, y siguiendo el mandato del Señor  nos  reunimos como Iglesia para celebrar el milagro de Fe y Amor. “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18,20).

El Señor nos da el agua que da la vida Eterna.

El agua penetra la tierra y hace brotar variedad de plantas e infinidad de árboles, el agua es indispensable para todo viviente, detiene al desierto que avanza como símbolo de muerte, sacia la sed del viajero, lo refresca y lo conforta para que pueda continuar su caminar. Pero el agua que Jesús ofrece a la Samaritana nada tiene que ver con el agua de las cisternas agrietadas, en expresión del profeta Jeremías que dice: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua”(Jr. 2,13), e incluso, es superior al agua del pozo de Jacob,  y a la que se le dio al Pueblo de Israel sobre la peña del Horeb.  Es el agua viva que nos da la vida eterna, el agua que brota del costado de Cristo, signo del bautismo y de la Palabra que libera; el agua que se le ofrece a la Samaritana es Cristo mismo que invita a todos: "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mi".

 

Una fe en proceso ascendente:

El ejemplo de la samaritana tiene que ser para nosotros un motivo de alegría, pues en el encuentro personal con Jesús se inicia un proceso de conversión personal. Para esta mujer el proceso de conocimiento de Jesús fue: verlo como un hombre Judío, después como un hombre desconcertante,  luego pasa a un grado espiritual viéndolo como un profeta, y finalmente lo reconoce como el Mesías. Aquella mujer que llegó a escondidas al pozo, deja su cántaro y sale para anunciar al Mesías.

 

En el Evangelio también nosotros encontramos el estímulo para “dejar nuestro cántaro”, símbolo de todo lo que aparentemente es importante, pero que pierde valor frente al “amor de Dios”. Todos tenemos uno, ¿cuál es nuestro cántaro interior, aquel que nos pesa, que nos aleja de Dios? Dejémoslo aparte y con el corazón sintamos la voz de Jesús que nos ofrece otra agua, que sacia nuestra sed y nos acerca al Señor. Estamos llamados a redescubrir la importancia y el sentido de nuestra vida cristiana iniciada en el bautismo, y como la samaritana, dar testimonio a nuestros hermanos de la alegría del encuentro con Jesús; testimoniar la alegría del encuentro. “Y si quiso estar sediento de la Fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino”(Prefacio de la samaritana).

 

 

El encuentro con Jesús nos cambia la vida y nos llena de alegría. El  Señor sabe actuar en nuestro corazón cuando nosotros somos valientes y dejamos aparte nuestro cántaro.

 

Animo hermanos y hermanas, sigamos avanzando por la vía que nos lleva a celebrar la Pascua de Cristo, que también es nuestra pascua.

 

Feliz domingo para todos ustedes,

 

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala