Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

II Domingo de Cuaresma

Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb

12 de marzo del 2017

 

Hermanos y hermanas en el Señor:

En este segundo domingo de Cuaresma, el Señor sigue guiando nuestros pasos por el camino de la santificación.

La liturgia adentra nuestro pensamiento en la Transfiguración de Jesucristo, el Señor quiere hacer una morada en nuestra vida, pero para eso hace falta que nos pongamos en camino.

 

Necesitamos prepararnos para participar con Él en el Misterio Pascual, su muerte y Resurrección, y ahí, y sólo ahí, comprenderemos el grado de amor de Dios nuestro Padre, que nos envió a su Hijo, que por amor a nosotros se entregó a una muerte de cruz para librarnos del pecado.  En torno a esta liturgia dirijo dos breves reflexiones.

 

La primera, Cuaresma es escuchar para ponerse en camino.

 

Abraham es el modelo de la confianza en Dios, sin saber a dónde se pone en marcha, se deja guiar por la luz de la fe, esa fe que nos lleva por caminos que nunca imaginamos. Abraham manifiesta su propia fe principalmente obedeciendo a Dios. La obediencia presupone la escucha, pues es necesario en primer lugar, “prestar oído”, es decir, conocer la voluntad del otro para darle respuesta y cumplirla. La obediencia que proviene de la fe va mucho más allá de la simple disciplina: supone la aceptación libre y personal de la Palabra de Dios. La obediencia de la fe es la respuesta a la invitación de Dios al hombre, a caminar junto a Él, a vivir en amistad con Él.

El mensaje para los discípulos y para nosotros es: “!Escuchémoslo!”. Y escuchar a Cristo significa asumir la lógica de su Misterio Pascual, ponerse en camino con Él para hacer de la propia existencia un don de amor para los demás, en dócil obediencia a la voluntad de Dios, con una actitud de desapego a las cosas que nos esclavizan.

 

La Segunda, nuestra vida es un camino hacia el Cielo.

 

Es una vía que pasa a través de la Cruz y del sacrificio. Hasta el último momento nos toca luchar contra la corriente, y es posible que también llegue a nosotros, la tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto exclusivamente en las cosas materiales. Ahora que estamos en este tiempo de preparación, recordemos que nuestra verdadera Patria es el Cielo, por eso debemos preguntarnos ¿mis acciones me están llevando a ese cielo prometido?

 

Jesús, después de la transfiguración, invita a sus discípulos a ponerse en camino, el camino de la Cruz y del sufrimiento, para después llegar a la glorificación en la Resurrección. Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se ha de manifestar en nosotros (Rom 8, 18). El trabajo por el Evangelio es difícil (1Tim 1,8b.), pero la recompensa es la vida Eterna.

 

Que nuestra Madre la Virgen Santísima, que supo escuchar a Dios y llevó en su seno a nuestro Salvador, nos ayude a obedecer a Dios y reconocerlo en la Eucaristía.

 

Sigamos caminando por la vía que nos conducirá a celebrar en plenitud el triunfo de Cristo sobre la muerte.

 

Feliz domingo para todos ustedes,

 


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb

Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala